Siempre se han estudiado la relación entre el consumo de alcohol y las enfermedades cardiovasculares. Y según diversos estudios realizados por diferentes grupos de investigación, existen evidencias epidemiológicas que muestran una compleja asociación entre el alcohol y enfermedades cardiovasculares como cardiopatía isquémica, accidente cerebrovascular y miocardiopatía, entre otras.
Sin embargo, los vínculos entre alcohol y cardiopatías se incrementan con la cantidad y el patrón de consumo: es decir, cuántas veces y con qué frecuencia se consume alcohol.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo ligero corresponde a 1 equivalente de bebida estándar al día, donde 1 bebida estándar al día se define como 12 gramos de etanol puro y corresponde a 1 copa de vino, 1 lata de cerveza o 1 trago de whisky/ginebra/vodka/licor.
Y aunque se suele asociar el consumo ligero de alcohol como un hábito saludable, no es menos cierto que su condición adictiva puede llevar a un consumo alto y con mayor frecuencia.
Según un estudio presentado en 2024 por el Dr. Jamal Rana, cardiólogo de The Permanente Medical Group, investigador adjunto de la División de Investigación de Kaiser Permanente Northern California, las mujeres con un alto consumo de alcohol tuvieron un 45 % más de riesgo de enfermedad cardíaca en comparación con aquellas que informaron un bajo consumo y tuvieron un 29 % más de riesgo en comparación con aquellas que informaron un consumo moderado.
En tanto, el mismo estudio señala que los hombres con un alto consumo general de alcohol tenían un 33 % más de probabilidades de desarrollar enfermedad cardíaca en comparación con los hombres con un consumo moderado.
Los principales síntomas de las cardiopatías asociadas al consumo de alcohol son: debilitamiento del músculo cardíaco, fatiga, falta de aire, hinchazón y tos.
La debilidad y atrofia muscular cardiaca es conocida como miopatía alcohólica, una enfermedad muscular causada por el abuso crónico de alcohol.
Pero ¿cómo se tratan las cardiopatías alcohólicas? Lo primero es dejar de beber alcohol. Esto se suma a otras acciones que dependen de la condición del paciente, tales como medicamentos y cambios en el estilo de vida.

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