Un desfibrilador externo se utiliza para tratar los ritmos cardíacos anormales (arritmias) que causan el colapso y paro cardíaco. Este se empleará cuando el ritmo cardíaco anormal no pueda ser controlado con medicamentos.
Este dispositivo da una descarga eléctrica controlada, por lo que puede utilizarse para resucitar a alguien cuyo corazón se ha detenido repentinamente. El corazón se debe “desfibrilar” rápidamente, porque las probabilidades de supervivencia del paciente disminuyen entre un siete y un diez por ciento por cada minuto que no se restablece un latido cardíaco normal.
Hay dos tipos de desfibrilador externo: el automático, conocido por sus siglas DEA; y el semiautomático, DESA.
Casos en que se usa el desfibrilador externo
Fibrilación auricular. Alteración del ritmo de las aurículas del corazón también denominada arritmia.
Fibrilación ventricular. Arritmia de los ventrículos, que se contraen de forma muy rápida y descoordinada.
Taquicardia ventricular. En este tipo de arritmia, los latidos acelerados impiden que los ventrículos se llenen adecuadamente de sangre y la bombeen al resto del cuerpo.
La fibrilación viene de que el corazón fibrila, es decir, tiembla.
Cómo se usa
El desfibrilador, sea tipo DEA o DESA, se conecta al tórax del paciente por medio de unos electrodos. Luego de conectado puede detectar la parada cardíaca cuando se debe a una fibrilación ventricular (FV) y si se trata de taquicardias ventriculares sin pulso, donde igualmente el bombeo de sangre es ineficaz.
Luego de esta identificación precisa, el aparato (sobre todo los más avanzados) va brindando instrucciones para generar la descarga eléctrica necesaria que permita revertir la situación y restablecer un ritmo cardíaco efectivo, tanto eléctrica como mecánicamente hablando.

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